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¿Cómo reconocer un burnout?

martes 30 enero 2018

¿Cómo reconocer los síntomas y qué puede hacer usted al respecto? En realidad, el burnout no es más que el culmen del estrés crónico. Cuando se llega a ese punto, uno está agotado física, psíquica y emocionalmente. ¿Pero cómo reconocer prematuramente las señales de un burnout? ¿Y qué puede hacer usted cuando la cosa ha llegado tan lejos? Para ello primero debemos examinar el trasfondo evolutivo del estrés.

Estrés crónico y agudo

El estrés agudo es parte de la reacción de lucha o huida, un importante mecanismo de supervivencia que ya tenían los peces hace cientos de millones de años. Sin embargo, el estrés crónico es un recién llegado en la evolución al que no hemos aprendido a manejar.

Nuestro entorno actual está lleno de estresores. Además, un dato importante es que el cerebro no distingue entre un verdadero motivo de estrés (un depredador que nos sigue los talones) o una razón imaginaria (el miedo a no poder pagar la hipoteca). La reacción fisiológica es la misma en ambos casos.

Esto hace que esté permanentemente activada la reacción de lucha o huida, para la cual el cuerpo tiene que suministrar energía. Esta energía después le faltará a otros órganos que son importantes para el buen metabolismo del cuerpo. Dicho de otro modo: si bien nosotros estamos evolutivamente adaptados al estrés agudo, nuestro genoma no lo está a la semana laboral de sesenta horas, el exceso de presión en el trabajo o las obligaciones que trae consigo una hipoteca demasiado alta.   

Trabajo y burnout

El burnout puede tener su origen en la adicción al trabajo, el perfeccionismo no adaptativo y el excesivo sentido del deber. Pero también puede surgir estrés laboral cuando las necesidades o las capacidades del trabajador no coinciden con la naturaleza del trabajo. Puede generar estrés una carga de trabajo excesiva o, por el contrario, una demasiado baja (por la sensación de carencia de sentido), pero también la falta de claridad acerca de las responsabilidades y tareas.

El burnout aparece cuando el estrés laboral extremo es tan elevado y durante tanto tiempo que, finalmente, trae como consecuencia un agotamiento físico y psíquico. La persona se bloquea emocional, corporal y cognitivamente. Quizá parezca que el burnout ha surgido de repente, pero siempre se trata de un proceso paulatino.

En general, tienen más riesgo los trabajadores con un intenso contacto interpersonal, como los del sector sanitario, los profesores y los directivos. También un mal ambiente laboral puede ser el problema. Además, hay otras circunstancias que elevan el riesgo de burnout.

 

Cómo puede reconocer un burnout

Las señales características del burnout son, entre otras:

  • no tener ganas de ir a trabajar y, a pesar de ello, no ocuparse más que del trabajo;
  • problemas de concentración y memoria;
  • agotamiento, estar irritable y olvidadizo;
  • sensación de incompetencia, enfado, fracaso;
  • preocupación e insomnio;
  • dolor de cabeza, dolor de tripa, dolor muscular;
  • hipertensión, insulinorresistencia.

En general, estas molestias son desatendidas o negadas por quienes los sufren. Sin embargo, la gente que experimenta estos síntomas tiene una mayor probabilidad de ataque cardiaco o ictus.

Modelo de las doce fases

Un modelo práctico para reconocer el progreso del burnout es el modelo de doce fases de Freudenberger y North. No tienen que darse todas las fases ni sucederse en el mismo orden.

-           La compulsión, casi obsesiva, de ponerse a prueba a uno mismo.

-           Ir trabajando cada vez más y ya no poder parar de hacerlo.

-           Descuidarse a sí mismo en el área del sueño, la alimentación y la interacción social.

-           Conducta de evitación del conflicto, se niegan los problemas.

-           Se considera que el trabajo es importante, pero los amigos, la familia y las aficiones, no.

-           Los problemas surgidos se achacan a la falta de tiempo y al trabajo.

-           Encerrarse en sí mismo, riesgo de adicciones para reducir el estrés.

-           Los amigos y la familia empiezan a notar cambios de comportamiento.

-           Despersonalización: considerarse a sí mismo y a los demás como sin valor, ya no se perciben las propias necesidades.

-           Vacío interior y necesidad de llenarlo mediante excesos, riesgos y adicciones.

-           Depresión.

-           Síndrome de burnout.

 

¿Por qué las medicinas apenas ayudan?

Los médicos de cabecera suelen recetar enseguida medicamentos, como antidepresivos tricíclicos, modernos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina e inhibidores de la monoamino oxidasa. Y eso que dejar de tomar esta medicación suele ser bastante difícil. A menudo es muy grande el miedo a la recaída. En parte debido a esto, se suelen confundir los síntomas de abstinencia con el regreso del trastorno. Por eso hace falta tomar más pastillas y durante más tiempo de lo necesario.

Además, no hay que olvidar los numerosos efectos secundarios que pueden provocar estas medicinas, como boca seca, visión borrosa, mareo, somnolencia, problemas gastrointestinales, retención urinaria, nerviosismo, cefalea, irritabilidad, aumento de peso, insomnio, trastornos sexuales, trastornos circulatorios e incluso un peor funcionamiento del corazón. ¿Cuáles son las alternativas y los posibles complementos (ortomoleculares)?

Dieta y nutrientes

Aunque un burnout no está causado principalmente por una mala dieta, una buena alimentación sí que puede contribuir a la capacidad adaptógena y a la recuperación. Nos referimos a una alimentación como la de antes, con el mínimo posible de productos procesados: verduras, fruta, frutos secos, semillas, huevo, carne y pescado. En ellos hay muchos nutrientes que son importantes para el buen funcionamiento del sistema nervioso central. También pueden dar resultados las plantas adaptógenas.

En la web de nuestra colaboradora Natura Foundation podrá leer más sobre nutrientes específicos para el burnout.

Deporte

Cuando existe un estresor (imaginario o no), se segregan hormonas de estrés. Debido a ello, sube la presión sanguínea y el ritmo cardiaco, los músculos se tensan, los sentidos se agudizan y baja la sensibilidad al dolor. En otras palabras: el cuerpo se prepara para un esfuerzo corporal intenso como, por ejemplo, salir corriendo, que no termina de llegar. El esfuerzo físico, por ejemplo, el deporte, también ayuda a descomponer las hormonas del estrés. Cuando hay estrés agudo, esta es la consecuencia normal de la reacción de lucha o huida, evitándose así la cronificación del estrés.   

Redes sociales y noticias

Desde nuestra historia evolutiva, se supone que el ser humano es capaz de interactuar con un grupo máximo de ciento cincuenta personas, en cuyo centro se encuentran la familia cercana y extendida. Con las redes sociales, este límite se ha visto enormemente ampliado. Esto hace que recibamos más información que en el pasado sobre la vida de los demás, con todas las posibles preocupaciones que eso conlleva. Estos son estresores imaginarios, a menudo abstractos y en los que no podemos influir, pero sin duda pueden ser muy estresantes. Por tanto, si su cliente está a punto de sufrir un burnout, lo razonable es reducir las redes sociales y las noticias. Nadie tiene la capacidad de llevar el mundo sobre sus hombros, y mucho menos en medio de un burnout.

Contacto social

El contacto social y la relajación son esenciales para el bienestar. En el círculo social se puede encontrar apoyo. La terapia cognitiva, el mindfulness y la meditación pueden ayudar a darle la vuelta a los pensamientos negativos. Deshacerse de estos es necesario para una recuperación feliz y duradera.

 

Fuentes

https://www.volkskrant.nl/wetenschap/aantal-burn-outs-schrikbarend-gestegen-en-dat-komt-deels-door-de-wildgroei-van-tijdelijke-contracten~a4537868/.

https://www.nrc.nl/nieuws/2017/02/09/ons-alarmsysteem-gaat-te-vaak-af-6619980-a1545503

https://www.ggzgroep.nl/klachten/burn-out

Kraft, U. (2006, July). Burned Out. Scientific American Mind, 17(3), 29–33.

 

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